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segunda-feira, 21 de março de 2011

"LA RECUPERACIÓN DE JAPÓN SERÁ TAN VELOZ COMO LA QUE SE HA REGISTRADO EN OTRAS CATÁSTROFES" (MN)

Moisés Naím
Los japoneses son diferentes. Es tan imposible no conmoverse con las imágenes de sufrimiento y destrucción que nos llegan de Japón como lo es no sorprenderse con el estoicismo de las víctimas. Mientras que en otros países las escenas que siguen a una catástrofe suelen ser de pánico, desorden y saqueos, en Japón vemos largas filas de gente esperando en calma atención médica o comprando alimentos. Y rostros que reflejan un inimaginable dolor, que no se expresa con estridencias. Los japoneses merecen la admiración y la solidaridad del mundo.

Los mercados financieros también son diferentes. Pero de otra manera. Están apostando a que la economía japonesa se recuperará antes de lo que las imágenes de la devastación podrían hacer pensar. También apuestan a que el impacto financiero en otros países será menor y que los efectos económicos a largo plazo no serán significativos.

Menos de una semana después del terremoto y del tsunami, con las plantas nucleares aún incendiándose y la Bolsa nipona en caída, los fondos de inversión internacionales especializados en comprar acciones de empresas japonesas recibieron volúmenes récord de dinero: en esa semana los inversores depositaron 956 millones de dólares, cuando la semana anterior al terremoto el monto había sido de 180 millones.

Lo mismo pasó con la moneda. Días después de la tragedia, el yen alcanzó su nivel más alto desde la II Guerra Mundial. Una moneda tan fuerte tiene efectos muy perniciosos para las exportaciones del país y causa múltiples desajustes internacionales. Por eso los bancos centrales de los siete países más ricos intervinieron con gran eficacia en los mercados de divisas, logrando estabilizar la moneda japonesa.

Esto también fue una novedad: la intervención coordinada de los bancos centrales no ocurría desde hace más de una década.
El fortalecimiento del yen se debe a que los mercados anticiparon una masiva repatriación de capitales japoneses depositados en otros países y monedas. Como este dinero tendrá que retornar para financiar la reconstrucción, aumentará la demanda de yenes. Suponiendo que esto elevaría el valor de la moneda, los especuladores se lanzaron a comprar yenes. Pero en este caso algunos perdieron: la intervención de los bancos centrales impidió que la divisa nipona siguiera subiendo.

Quienes probablemente no van a perder son quienes han apostado a la rápida recuperación de Japón. Si bien este accidente fue devastador, el estimado más alto de sus costes es de 300.000 millones de dólares, y la mayoría de los analistas lo sitúa más bien en 200.000 millones de dólares. Esta cifra equivale solo al 4% de la actividad económica japonesa y al 1% de la riqueza del país. El columnista Martin Wolf recuerda que, en Japón, la crisis financiera mundial tuvo un impacto equivalente al 10% de su economía. Si bien las imágenes que vimos en Japón después de la crisis financiera no tuvieron el dramatismo de las que ahora observamos, la realidad es que el crash de 2009 afectó a un número mucho mayor de japoneses.

El otro cálculo que están haciendo los mercados financieros es que la recuperación de Japón será tan veloz como la que se ha registrado en otras catástrofes. Garry Evans, del banco HSBC, estudió los impactos financieros de los terremotos de Kobe (Japón) en 1995, Taiwán en 1999, Chile en 2010 y los ataques terroristas de 2001. Encontró que tras una caída inicial, las respectivas bolsas de valores se recuperaron a su nivel precatástrofe entre 23 y 78 días después, y 100 días más tarde estaban por encima de ese nivel. Además, las economías afectadas por estos desastres crecen gracias al estímulo de las inversiones destinadas a la reconstrucción. En 2010, Chile sufrió un devastador terremoto y creció al 5%.

Obviamente la tragedia de Japón tiene otros efectos negativos, ya que allí están los eslabones críticos de muchas de las cadenas de suministro de las que depende la industria mundial, y ahora esos nódulos están parados. Las aseguradoras sufrirán y el futuro de la industria nuclear está en cuestión. A esto último también le apuestan los inversores: el precio del uranio ha caído un 30%.

El País
Moisés Naím

Marzo 20, 2011
http://www.moisesnaim.com/it/node/742

Actualmente es Senior Associate en el Carnegie Endowment for Internacional Peace en Washington, DC y principal analista internacional del diario El País de España. Sus columnas semanales son reproducidas por los principales periódicos en América Latina y Europa.
Entre 1996 y 2010, Naím dirigió la revista Foreign Policy, que circula en 160 países y se publica en siete idiomas. En este periodo, la revista obtuvo los principales premios de la industria editorial y se convirtió en una de las publicaciones más influyentes del mundo.
Moisés Naím ha publicado numerosos trabajos sobre economía internacional, globalización, desarrollo económico y geopolítica. Su libro Ilícito. Cómo traficantes, contrabandistas y piratas están cambiando el mundo ha sido editado en 18 idiomas y fue seleccionado por The Washington Post como uno de los mejores libros del año. Un documental basado en Ilícito y producido por National Geographic ganó un premio Emmy en 2010.
Antes de dedicarse al análisis y el periodismo, Naím trabajó en el sector público y la docencia: fue ministro de Industria y Comercio de Venezuela a comienzos de los años noventa, director del Banco Central de Venezuela y director ejecutivo del Banco Mundial. Previamente, ejerció como director académico y profesor del IESA en Caracas y profesor visitante en universidades de los Estados Unidos, Europa y Latinoamérica.
Moisés Naím es presidente del directorio del International Crisis Group (PAI) y tambien de El Grupo de los Cincuenta (G-50) asi  como miembro del consejo de dirección del International Crisis Group (ICG) y del National Endowment for Democracy.
Naim obtuvo el Ph.D. y la maestría del Massachusetts Institute of Technology.

sexta-feira, 18 de março de 2011

A FALTA DE VERGONHA E O ALFAIATE. Ou: como os totalitários negam a realidade

Há países que nunca tiveram um certo grau de liberdade que permitisse, aos jornais, críticar figurões da política ou dos negócios, investigar escândalos, ou denunciar aquilo que seja considerado errado ou criminoso. Este poderia ser o caso de muitos países árabes, por falta de uma tradição no uso da liberdade de expressão.

Em outros, onde já houve mais liberdade, e em que esta foi perdida por um golpe de esquerda ou de direita, ou pelo avanço de grupos religiosos radicais, como no Irã, a atividade jornalística fica muito prejudicada. Pode haver uma tentativa de resistência, por parte dos veículos, mas esta será duramente reprimida, de diversos modos como a perseguição pela fiscalização, abertura de processos infundados, atentados contra os bens da empresa, atentados contra os jornalistas. Isso é o que tem acontecido na Rússia onde, devido a uma tradição autoritária (czarista) e totalitária (comunista soviética) os jornalistas que tentam exercer corretamente a profissão viram alvos de criminosos.

Em novembro de 2010 a revista Veja publicou reportagem de Julia Carvalho, "Só quem cala não apanha", sobre a brutalidade com que são tratados jornalistas que tentam trabalhar direito. Há relatos de espancamentos tão violentos que os jornalistas ficaram inutilizados completamente. Nos últimos cinco anos mais de 100 atentados foram cometidos contra jornalistas, na Rússia.

Saída de um regime ditatorial, em que as pessoas chamadas de jornalistas eram apenas aqueles que faziam matérias sobre o que era permitido e conforme a orientação do Partido Comunista, como acontece em Cuba, por exemplo, a Rússia atual, apesar do crescimento econômico e de ficar mais parecida com o restante da Europa em termos materiais, ainda não aprendeu a conviver bem com a liberdade de expressão e com a liberdade de Imprensa.

Como os políticos ou novos ricos empresários não estão acostumados ou não toleram ser criticados ou ter suas falcatruas expostas à Opinião Pública, recorrem a capangas que agem contra a lei e exterminam os críticos. Coisa que acontece com menor intensidade, mas ainda acontece com frequência aqui no Brasil, outro país em que o autoritarismo está no DNA da cultura, desde os tempos do reinado português.

Segundo relata Carvalho, na China há menor problemas com os jornalistas "porque eles raramente ousam enfrentar o aparato repressivo". É mais ou menos isso. De fato, a China vive em regime totalitário desde 1949 (61 anos), e ainda passou pelo Tsunami da Revolução Cultural, o que foi suficiente para quase apagar da mente dos chineses a memória de qualquer liberdade (se é que a tinham no tempo do Império) e não estimular rebeldias.

Além disso, os jornalistas, em regimes totalitários como China, Cuba, Coréia do Norte, e outros, não são de fato jornalistas como seus congêneres europeus (Inglaterra, França. Alemanha, Portugal, Espanha, por exemplo). São pessoas que aprendem técnicas de produção de meios que se parecem com os jornais ocidentais, usam técnicas parecidas de edição, mas apresentam uma diferença crucial: não há implícita a aceitação do contraditório, da investigação de fatos que possam interessar à Opinião Pública porque esta está, exatamente, sujeita a um fluxo unidirecional de informações, isto é, propaganda oficial.

Basta observar o comportamento do Governo, da Imprensa e do povo na comparação do vazamento atômico de Chernobyl, no final da década de 80, com o terremoto e o tsunâmi que abalaram o Japão, provocando danos a usinas atômicas.

No caso de Chernobyl, como o regime socialista é tido como perfeito pelos seus adeptos, seria considerado contraproducente à imagem do regime aceitar os fatos. Assim, as autoridades soviéticas fingiram por alguns dias que nada tinha acontecido, sacrificando dezenas de milhares de cidadãos a curto e longo prazo. A curto, pelo câncer dos expostos à radiação. A longo, porque as crianças que nasceram nos anos 90 tiveram pais expostos à radiação, o que gerou graves e tristes deformações genéticas.

Aqui no Brasil (bem como em boa parte do mundo livre) a população ficou sabendo de Chernobyl bem antes que os cidadãos soviéticos. Nossos jornais trataram aquilo exaustivamente. A imprensa oficial soviética (e era a única que existia) fez silêncio. Como a população abandonada pelas autoridades e sem informações pela Imprensa poderia proteger-se?

Os totalitarismos são expressões reais (representações) de ideologias em que seus seguidores as vêem como tão perfeitas que são os fatos que precisam adaptar-se às idéias ou crenças, e não o contrário. Sobre isso há a observação maravilhosa de Millor Fernandes: "O comunismo é uma espécie de alfaiate que quando a roupa não fica boa faz alterações no cliente".

No Japão, as autoridades agiram de imediato para proteger a população, alimentaram os jornais com informações e o povo estava preparado para agir em caso de eventos como terremotos e tsunâmis. A magnitude dos danos não se deveu ao descaso ou à desinformação, mas às forças naturais. 

Os japoneses e seus líderes, um dia, olharão para trás, com tristeza, mas não com vergonha. 

Já não sei se esse seria o caso dos líderes russos do tempo de Chernobyl. Olhando para trás verão as lágrimas dos familiares dos mortos, e o testemunho vivo de sua arrogância e prepotência espelhado nas Crianças de Chernobyl.

Sentirão vergonha? 
O que eu acho, sinceramente? 
Acho que não. Os totalitários, por mais que errem, é de tal natureza a sua crença e a sua percepção da realidade e da verdade, procurarão colocar a culpa no mundo, que não se adapta à sua ideologia.
Chamem o alfaiate!  

ATENÇÃO, O VÍDEO SOBRE CHERNOBYL TEM IMAGENS FORTES, MAS REAIS.
QUE SEJA VISTO NÃO COMO UMA ARMA DOS POLITICAMENTE CORRETOS QUE CACAREJAM CONTRA O CAPITALISMO E AS LIBERDADES DE QUE DESFRUTAMOS, BEM OU MAL, NO OCIDENTE (QUEREM IGUALÁ-LO AO PROBLEMA JAPONÊS). 
QUE SEJA VISTO COMO UM LIBELO CONTRA OS REGIMES TIRÂNICOS QUE ESCONDEM A REALIDADE DE SEU PRÓPRIO POVO, PREFERINDO VÊ-LO SACRIFICADO EM NOME DA PERFEIÇÃO DE UMA IDÉIA ABSURDA. 
Gutenberg. J,


quinta-feira, 17 de março de 2011

JAPAN IS BIGGER THAN EARTHQUAKES AND TSUNAMIS. O Japão tem a têmpera necessária para ultrapassar esta tragédia.

Tsunami atinge Minami Sanriku  (Daily Post)

A fotografia de uma onda gigantesca atingindo a cidade japonesa durante o terremoto e o tsunami que afetaram duramente o nordeste do Japão faz pensar. Impressiona a altura da vaga e a massa de água que desloca.
Num instante centenas de pessoas, muitas cuidando tranquilamente de suas vidas, foram varridas como gravetos. Imaginem o susto dos ocupantes dos veículos que trafegam pela avenida. O impacto das águas nos edifícios que aparentam tanta solidez. Somos pequenos e frágeis, quase impotentes diante de tanta força. A Natureza não está enfurecida ou vingando-se, como querem alguns, da destruição do meio-ambiente.
A Natureza apenas é o que é. 
Os japoneses construíram sua civilização há milhares de anos nesse lugar. E há milhares de anos sofrem, teimosamente, o impacto das manifestações naturais. Cada vez com melhores técnicas de construção, para resistir. E ordem, educação e treinamento para se reorganizarem. Assim é o ser humano. Ou assim são os japoneses.
O drama dos japoneses é tão triste quanto foi o das famílias da região serrana do Rio de Janeiro. Mas há uma diferença a ser considerada: não há muito o que fazer contra a fúria da Natureza, mas há muito o que fazer contra a irresponsabilidade das autoridades incompetentes e corruptas que permitem, e até estimulam, ocupações irregulares, e depois colocam a culpa em adversários políticos, na Natureza, ou em Deus.
O japoneses reconstruirão suas cidades e negócios (claro que não poderão reparar suas perdas familiares), são tenazes, sofrem e trabalham. São um exemplo a ser seguido.
No Japão está frio neste momento, as pessoas podem ser privadas de alimentos e combustível, mas não há saques e tumultos. Nada disso é o que vemos num país como o Brasil. Isso faz uma enorme diferença.
Não temos uma tradição, não temos educação, perdemos os valores civilizacionais, não consideramos a propriedade algo importante, muito menos a coisa pública - construída com o esforço de todos, por meio dos impostos exorbitantes. Os pobres acham que tudo é "dado" pelo governo, e a intelectualidade crê que "bolsas" solucionam a falta de educação decente. 

O Japão se reerguerá, com certeza, pelo seu passado. Nem o acidente nuclear das usinas de eletricidade será obstáculo. 
Nós, todavia, sempre perdemos a memória dos absurdos e reelegemos crápulas, reeditando a mesma miséria moral e falta de vergonha.